De la diplomacia de paz de Chávez en lo susesivo...
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Publicado: 30/10/2026 05:08 PM
La transición de la política
exterior venezolana de la Diplomacia de Paz del presidente Hugo Chávez a
la de su susesor Nicolás Maduro representa una línea de continuidad
ideológica que se ha adaptado a contextos internacionales radicalmente
distintos, pasando de una fase de expansión y bonanza a una de defensa y resistencia.
Ambos periodos comparten la
necesidad de la creación de un mundo multipolar, pero sus prioridades
operativas reflejan realidades económicas y geopolíticas marcadamente
diferentes y, en consecuencia, acciones que respondieran a las mismas:
Durante los gobiernos de Chávez,
la diplomacia se centró en sentar las bases de la denominada Diplomacia Bolivariana
de Paz. El objetivo primordial fue romper con la influencia tradicional de EEUU
en la región para promover un mundo multicéntrico y multipolar. Entre 1999 y
2013, la diplomacia de paz operó bajo una lógica de proyección de poder e
influencia regional, sustentada por el ciclo de precios de petróleo más alto de
la historia moderna de Venezuela.
El objetivo de esta política
internacional era la construcción y expansión regional mediante la creación de
nuevos bloques de integración, en un contexto económico que permitió la cooperación
energética; así vimos instancias como PETROCARIBE, que sirvieron para
consolidar el liderazgo venezolano en la región, orientados a la
complementariedad política y económica sin la tutela de la Organización de
Estados Americanos (OEA).
La Era de Maduro: Resistencia
y Diálogo Defensivo
Luego de la muerte del
presidente Chávez en 2013, la transición de mando coincidió con un
cambio drástico en las condiciones que sostenían el modelo de gobierno; a
partir de 2014 con el decreto de Obama, en el que declaró a Venezuela
como “una amenaza inusual y extraordinaria”, comenzaron una serie de sanciones
y restricciones económicas, comerciales y financieras, y la política exterior
se vio forzada a cambiar hacia un enfoque eminentemente defensivo. El discurso
oficial sostiene que la diplomacia ha tenido que enfocarse en neutralizar los
intentos de "aislamiento internacional" y los efectos de las
sanciones.
Este decreto hizo que el
Gobierno Bolivariano asumiera una diplomacia de resistencia, en la que el foco se
centró en la denuncia internacional de medidas coercitivas unilaterales, que
cercaron los ingresos del país, lo que se llevó a acciones legales ante la Corte
Penal Internacional en 2020.
El Decreto de Obama
dio pie a que los representantes de la oposición venezolana solicitaran
sanciones más agresivas en contra del país, y, a pesar de ello, la propuesta
del Gobierno fue apostar al diálogo político: se priorizaron las mesas de
negociación y acuerdos coyunturales (incluso intercambios de prisioneros con
administraciones estadounidenses) como herramientas de estabilización política
y preservación de la paz interna.
A partir de 2014, durante la
gestión presidencial de Maduro, la política exterior abandonó la
proyección regional para convertirse en un escudo de defensa institucional y
económica. La diplomacia se redefinió en torno a contrarrestar el aislamiento
internacional y el impacto de las sanciones financieras y sectoriales.
Al no contar con los recursos
excedentes de la década anterior, el Gobierno Bolivariano transformó la
relación con sus aliados, de esta manera, China, Rusia e Irán
pasaron de ser socios comerciales de desarrollo a pilares de soporte vital para
la triangulación de exportaciones petroleras, el suministro de combustible, el
soporte técnico y el veto defensivo en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Venezuela pasó
a la diplomacia de la denuncia y el litigio, su voz en foros multilaterales se
desplazó de la integración regional hacia la denuncia activa de las medidas
coercitivas unilaterales. La diplomacia venezolana concentró sus esfuerzos en
tribunales internacionales, la Organización de las Naciones Unidas (ONU)
y el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) para legitimar su
continuidad institucional.
Sin embargo, y a pesar del
daño ocasionado a los venezolanos debido a las sanciones solicitadas, el
Gobierno Bolivariano no ha dejado la ruta del diálogo con sectores de
oposición. La diplomacia de paz ha utilizado los procesos de negociación
política (en México, Barbados u otros formatos con la oposición y la mediación
internacional) como herramienta para aliviar presiones externas y buscar el
levantamiento progresivo de restricciones económicas que devuelva a los venezolanos el bienestar y la paz.
AMELYREN BASABE/REDACCIÓN MAZO